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lunes, 22 de febrero de 2021

Gatos en la prehistoria

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En el "Día Internacional del Gato" vamos a recordar cómo empezamos a poblar nuestras casas con estos adorables, misteriosos y fascinantes compañeros felinos.

Recientemente se descubrió, cerca del puerto de Alejandría, un templo donde hace unos 2.000 años se adoraba al dios-gato Bastet.

Pero el proceso de domesticación de estos pequeños felinos se inició mucho antes. Y está íntimamente ligado a la aparición de la agricultura.

Nos situamos en el Creciente fértil, en los dorados años del Neolítico. Y aquellas comunidades humanas empiezan a gestionar algo inédito hasta el momento: los excedentes de comida. La tierra, generosa, les provee de más grano del que puedan consumir en mucho tiempo y además deben almacenar una parte para sembrar la siguiente cosecha. Aparece entonces la cerámica en nuestra Historia aunque perviven los canastos de esparto, mimbres y demás fibras vegetales. El problema es que estos recipientes no eran a prueba de los ratones que acudían en masa hacia las cabañas de almacenamiento.

Es por entonces cuando entra en escena un visitante inesperado. El Felis silvestris lybica, llamado también "gato del desierto", "gato de las arenas" o "gato salvaje africano", considera demasiado tentadora esa concentración de presas fáciles y pierde el miedo a acercarse a las aldeas y poblados. Los habitantes no tardan en darse cuenta del beneficio que les suponen los pequeños felinos y se inicia una relación que, si bien no es de amistad sino más bien de tolerancia y conveniencia mutua, supone un avance con respecto al Paleolítico cuando los gatos sólo eran usados como cena.

Pasaría poco tiempo antes de que naciera la amistad, al menos eso indica una tumba hallada en 2.004 en Chipre y que data del 7.000 a.c. donde encontramos, por primera vez, que a un joven le enterraron con su gato para que ambos se hicieran compañía durante toda la eternidad.

Posteriormente estos animales fueron adorados por los egipcios y en la antigua Roma eran símbolo de elegancia. Durante la Edad media, sin embargo, fueron perseguidos y casi exterminados en Europa al considerárselos enviados del diablo. 

Para terminar como empezamos, en Egipto se creía que los gatos se reencarnaban 7 veces y después regresaban como humanos. De ahí parece venir lo de las siete vidas de nuestros compañeros felinos cuyo trato, desde luego, nos hace más humanos.

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